Kfar HaMacabiá, Jueves, 11 de Mayo de 2017

33 de la cuenta del Ómer ל”ג בעומר –  
Los distintos significados del fuego
Queridos amigos:
 
Los seres humanos sentimos cierta fascinación hacia el fuego, y, en particular, hacia las fogatas. Muchos de nosotros experimentamos momentos memorables en derredor de alguna fogata en la que compartimos no sólo su calor y luz, sino también canciones, historias, diálogos significativos, amistad y amor. Aún para quienes entre nosotros entienden el proceso científico de combustión y liberación de energía, no deja de ser casi milagrosa  la danza de las llamas que brotan de los leños. Ese carácter incorpóreo del fuego evoca en nosotros aquello que es espiritual, impalpable, y, a la vez, indiscutiblemente presente, despertando un ánimo reflectivo no siempre presente en nuestro cotidiano vivir.
 
El fuego ha tenido y tiene un lugar muy especial en la simbología y praxis judías. Muchos son sus usos, contando cada uno de ellos con un significado diferente:
  • El Ner Tamid: ordenado por la Torá misma[1], y en su carácter de luz eterna, el Ner Tamid representa la eternidad del pueblo judío, con su vida garantizada por nuestro Creador en Su pacto con Abraham (y ratificado con Moshé). Vemos esa luz en todas y cada una de las sinagogas del mundo, siempre cercana al Arón Hakódesh – el armario que contiene a la Torá -.
  • El fuego del Gran Templo: durante el período de los dos Templos, el fuego era uno de los medios necesarios para la expiación individual y nacional del pueblo de Israel. El fuego simbolizaba la consumición de los pecados, que desaparecían entre su luz y calor.
  • Las lámparas de Janucá: estas llamas son las que aluden al milagro de la propagación de la luz en la oscuridad de la idolatría y la opresión de la tiranía griega sobre el pueblo judío.
  • Las fogatas de Lag BaÓmer: la Fiesta que está en nuestra víspera  trae consigo el encendido de fogatas a lo largo y a lo ancho de Medinat Israel. Estos fuegos comprehenden una doble simbología: la lucha por la libertad, y el estudio continuo de la Torá.  Cuando el emperador Adriano prohibió el estudio de la Torá y aplicó otras restricciones a la libertad y expresión del pueblo judío en la Tierra de Israel, se inició una guerra de guerrillas contra el imperio romano (año 132 de la era común) encabezada militarmente por Bar Cojvá, y espiritualmente por Rabi Akiva (el más grande rabino de esa generación). Para la preparación de esa revuelta se utilizaban fogatas en lugares escondidos, fuera de la supervisión de las tropas romanas. Allí, los Benéi Israel preparaban sus estrategias militares, y, también, estudiaban Torá – lo que significaba la transgresión de la orden romana, penada con la muerte -, aspirando con ello a dos de los más exaltados valores de nuestra civilización judía: la libertad del yugo romano, y la continuidad del judaísmo a través del estudio de la Torá. La luz y el calor de las fogatas alimentaron el espíritu de combate, resistencia y lucha de nuestro pueblo, y expresaron los dos aspectos que lideraban Bar Kojvá y Rabi Akiva: cuerpo y alma, libertad física y espiritual, acción y reflexión.
 
Cuando, en el presente, nosotros portamos durante Janucá la antorcha macabea – que llevamos de país en país y de continente en continente, partiendo siempre de Medinat Israel -, llevamos en nuestras manos muchos de los mensajes de los distintos fuegos mencionados: nuestro compromiso con la continuidad judía; la centralidad del Estado de Israel en el presente y futuro de nuestro pueblo; el calor de nuestros cuerpos y espíritus, que expresamos en el afecto tan presente en nuestra familia macabea, y nuestra aspiración por propagar la luz entre nuestro pueblo, y entre todos los pueblos. Este año, a apenas semanas del más grande evento del pueblo judío, la Macabiá, nuestra antorcha brillará desde Jerusalem hacia el mundo.
Que sea este Lag Baómer una verdadera celebración del espíritu y la fortaleza del Am Israel, y que seamos dignos representantes de nuestros valores milenarios en nuestros hogares, familias, comunidades y sociedades.
Que las luces de nuestras fogatas de Lag BaÓmer iluminen nuestro presente de gloria y nuestro promisorio futuro, y que mantengamos y hagamos mantener el espíritu de continuidad nacional propio de esta Fiesta.
¡LAG BAÓMER SAMÉAJ!
¡JAZAK VE’EMATZ!
 
RABINO CARLOS A. TAPIERO
Vice-Director General & Director de Educación
UNIÓN MUNDIAL MACABI

[1]Shemot (Éxodo) XXVII, 20; Vaikrá (Levítico) XXIV, 2.